Hechos religiosos

Adolfo Muñoz Alonso

Capítulo 136.-  Adolfo Muñoz Alonso

 

Nacido en Peñafiel,cerca de Valladolid,Adolfo Muñoz Alonso (1915-1974) hizo la licenciatura y el doctorado en teología en Roma (1933-1937),y por supuesto es también uno de los filósofos que leí en Salamanca,tanto en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras,como en la de la Universidad,dirigida entonces por mi profesor de Lengua y Literatura Españolas,don César Real de la Riva,salmantino de nacimiento.

Como falangista participó en el final de la guerra civil;inmediatamente después se licenció y doctoró en filosofía.Fue profesor de la universidad de Murcia,después en la de Valenia y,por último, en la de Madrid,a partir de 1961,donde fue nombrado Rector en 1972.Ejerció también el periodismo activo (bajo el pseudónimo de López Navarro) y fue un conferenciante muy elocuente.Fundó el Instituto de Altos Estudios Europeos de Bolzano,fomentó las actividades de la Universidad Internacional de Santander,en la Magdalena,que conozco personalmente,por haber sido siete años profesor en Santander,colaboró en numerosas revistas (sobre todo en Crisis),y tomó parte en numerosos Congresos filosóficos,en los que representó oficialmente a España.Preocupado por la apertura (repárese,por ejemplo,en su intervención en el Congreso Internacional sobre Lucius Anneo Séneca,que presidió) y dotado de una gran sensibilidad,fue asesor pontifical en el Secretariado de los no creyentes,y murió prematuramente en Santander en 1974.

De espíritu inquieto y ajeno a cualquier dogmatismo filosófico Adolfo Muñoz Alonso experimentó profundamente la crisis de los valores que sufre nuestra época y que ha reflejado el existencialismo.Adscribiéndose a la Escuela de San Agustín,su maestro por excelencia,subraya la derelicción humana,debida al inmanentismo moderno,que llama a contrario a una superación íntegra hacia el infinito;en este sentido invoca el testimonio de Blaise Pascal,de los místicos españoles,de Miguel de Unamuno y de Eugenio d´Ors.Pero la influencia capital de Antonio Rosmini (en Gallarate Adolfo Muñoz Alonso fue presidente del Centro rosminiano) le permite proponer una salida a esta angustia universal.La recurrencia a un conocimiento intuitivo y poético,a base de amor oblativo,de tipo pauliniano y franciscano,nos conduce a un teísmo católico,más platónico que aristotélico,a la manera de Plotino,John Duns Scoto,Ramon Llull,Marcelino Menéndez y Pelayo,Romano Guardini,Michele Federico Sciacca o Gabriel Marcel.Y a este nivel la libertad coexiste con la humildad intelectual,pues “el pensamiento es una manifestación parcial de la totalidad individualizada del ser humano”.(Filosofía a la intemperie,página 164).Y no olvidemos el corazón,la caridad.

Las aspiraciones religiosas de los pensadores antiguos,que Adolfo Muñoz Alonso describió minuciosamente en su tesis sobre La transcendencia de Dios en la filosofía griega,sólo ha logrado acercarse penosamente a la trascendencia,sin alcanzarla nunca;únicamente el cristianismo,con la Patrística,hizo entrar de pleno a la humanidad en dicha dimensión propiamente sobrenatural.Esta visión original de la conversión espiritual,que nos hace enmudecer por su generosidad y por su incomparable estilo,se inscribe,no tanto en una ontología como,en expresión del propio Adolfo Muñoz Alonso,en una prostilogía,es decir,en una axiología de la categoría de relación,en la que la convivencia con el prójimo desempeña un papel central contra todo relativismo subjetivista.Y de ahí se sigue una ética de la persona,cuyo horizonte es netamente comunitario;pues en efecto,Adolfo Muñoz Alonso proclama (en Persona humana y sociedad,página 106) que “la sociedad no salva al hombre despersonalizándole,sino haciendo posible una intimidad,una espiritualización más entrañable”.Dentro de esta perspectiva la doctrina política de la que se hace intérprete Adolfo Muñoz Alonso exige,frente al capitalismo y al naturalismo del provecho,fundamentalmente ateos,radicales medidas que propugnara José Antonio Primo de Rivera (Un pensador para un pueblo),aunque Adolfo Muñoz Alonso deploraba que el régimen franquista no mantuviera sus promesas y se hundiera en un conservadurismo de busenissmen.Por encima de las vicisitudes de su época la sabiduría evangélica de Adolfo Muñoz Alonso,acuñada con la fórmula de las medallas,seguirá pues siendo ejemplar.

Obras:Fundamentos de Filosofía (Murcia,1947);La trascendencia de Dios en la filosofía griega (Murcia,1947);Andamios para las ideas (Murcia,1952);Valores filosóficos del catolicismo (Barcelona,1954);Persona humana y sociedad (Madrid,1955);La cloaca de la historia (Madrid,1957);Un pensador para un pueblo (Madrid,1969);Filosofía a la intemperie (Madrid,1973) y Metábasis evangélicas (Madrid,1974).

  http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/smile.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/mad.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/tongue.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/wink.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/frown.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/biggrin.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/confused.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/redface.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/rolleyes.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/cool.gif http://rgonzalo.blogdiario.com/admin/archivos/eek.gif

 

 

Comentarios

Fue profesor mío. Lástima que mis pulmones, en aquellas aulas abarrotadas, con la mayoría de los asistentes fumando, me impidieran asistir a la mayoría de sus clases. Creo que sus múltiples actividades a las que le obligaba una familia numerosa, le restaba dedicación a su labor docente. Recuedo su elocuencia y su recurso a la paeadoja. "Una filosofía dice lo que dice cuando no lo dice."

Cuando supe de su muerte planté un ciprés en su memoria en Las Navas del Marqués.Amaba al pueblo de Israel.

Cuando supe de su muertes planté un cipés en su memoria en Las Navas del Marqués.

Gran persona, buen filósofo, mejor orador. Un poco esclavo de su ideología política. De no haber sido por "su" Falange, Muñoz Alonso tendría hoy otro relieve. Le debo a usted un gran punto, Don Adolfo, y usted sabe a qué me refiero. Acepte, desde la intemporalidad en que está, mis rendidas gracias.

Añadir un Comentario: