Hechos religiosos

España,plurinacional (LXIII)

                España,plurinacional

                                               LXIII.- La España de postguerra (5)

 

                El imperialismo catalán consistió,pues,en una metáfora ideológica,entendida como una oferta política de naturaleza distinta a un programa realizable,al menos en el corto plazo de la acción parlamentaria normal.Es otro modo de llamar a ideales o aspiraciones estratégicas quizá inalcanzables pero que,no obstante,condicionan la política corriente.La españolización del esquema catalanista,pasado de metáfora a poder,de impulso centrífugo a refuerzo centrípeto,llevaba directamente a una dictadura cuyas pretensiones internacionales eran desaforadas y grotescas (Ucelay).La verdad es que el franquismo,de tan cerrado,se estranguló políticamente a sí mismo.(Iden.).Para permanecer 36 años y abrir paso,por reforma,a un régimen democrático,debió ser un estrangulamiento muy suave.En la España de los años 40 el imperialismo constituyó precisamente una metáfora,en un sentido más fuerte todavía que en el nacionalismo catalán:no pasó de ideal vaporoso,y desde luego el muy realista Franco no intentó en serio obrar de acuerdo con sus pretensiones desaforadas y grotescas.Cambó y otros,por el contrario,habían dedicado un considerable esfuerzo a llevar a la práctica sus ideales imperialistas.

        En todo caso la política inicial,pronto suavizada,del nuevo régimen consistió en tratar de erradicar los hechos diferenciales vasco,catalán,y en menor medida gallego,substituyéndolos por una uniformidad castellano-española.El idioma común fue impuesto con exclusividad en todas las actividades oficiales o educativas,igual que hacen desde años  Euzkadi y Catalunya con el vascuence y catalán.Un suceso indicativo fue la prohibición,por la autoridad militar,de difundir miles de folletos en catalán,preparados por la Falange al ser derrotadas las izquierdas en Cataluña;pero hoy se está prohibiendo también el uso del castellano,en Cataluña al menos,incluso en letreros comerciales.Algunos carteles recomendaban:Español,habla la lengua del imperio.Al principio quedó prohibida hasta la edición de libros  o la predicación en los idiomas vernáculos.En cementerios vascos fueron picadas las lápidas con nombres sabinianos.No faltaron conatos ocasionales,sin mayores consecuencias,de impedir el uso corriente de dichos idiomas.

                Esta dureza era nueva.El patriotismo tradicional hispano daba fuerte relieve a las particularidades regionales,incluso evocando un cierto foralismo.La centralización estricta enlazaba más bien con el liberalismo,rechazado por el nuevo régimen,pero acentuado entonces.Para el franquismo,en sus momentos iniciales de triunfo,los nacionalismos vasco y catalán habían fomentado los odios conducentes a la disgregación de España y a la guerra,y por tanto debían ser extirpados;habían usado las lenguas regionales como instrumentos de sus ideas antiespañolas,y por lo tanto esos idiomas debían ser proscritos de la vida oficial.El castellano sería el vehículo prácticamente único para imbuir en las siguientes generaciones un ideal españolista.

                Llaman la atención las semejanzas de estas actitudes con las de los nacionalismos vasco y catalán,incluso a veces en el tono.Así en esta indicación del ministerio de Educación:escuchad bien esto y para siempre,niños españoles.¡El que de vosotros olvide su lengua española o la cambie por otra dejará de ser español y cristiano!.¡Por traición contra España y pecado contra Dios!.¡Y tendrá que escapar de España!.¡Y cuando muera su alma traidora irá al infierno!.Los nacionalismos vasco y catalán aspiraban a arrasar los elementos que ellos consideraban españoles,arraigados en ambas poblaciones por siglos de intenso intercambio cultural y demográfico,sustituyéndolos por un vasquismo y un catalanismo que en parte no menor constituían invenciones de última hora,pues durante siglos vascos y catalanes se habían sentido españoles.Ahora se intentaba la operación contraria,erradicando las manifestaciones regionales en aras de un exclusivismo españolista.

                Tales medidas debieron haber provocado resistencia popular y apoyo a los nacionalistas que,aun vencidos,permanecían,a veces enquistados en los organismos del nuevo régimen.Apoyo asimismo a partidos como el comunista,que incluía el derecho de autodeterminación en su programa.Pero la reacción fue prácticamente nula,indicio de cuán harta había terminado la población de la experiencia republicana y de la guerra civil.No sólo en aquellos años,sino durante todo el franquismo,la oposición de los nacionalismos tendría escaso relieve,con la muy tardía excepción de ETA.

                La gran masa de la población vasca y catalana acogió al franquismo entre la simpatía y la indiferencia,suministrando una parte importante de los dirigentes políticos y económicos de un régimen acaudillado por un gallego.La tradicional versión tipo lucha de clases trata a esos dirigentes de burgueses opuestos al pueblo,pero muy pocos vascos y catalanes rechazaron el nuevo estado de cosas,o prestaron respaldo a los izquierdistas y nacionalistas en sus escasos conatos de lucha.Así ocurriría hasta finales de los sesenta,y aun entonces ese respaldo fue minoritario.Por otra parte,los catalanes y vascos integrados en la estructura del régimen,o adaptados a él,pertenecían a Cataluña y Vasconia tanto como sus contrarios,aunque luego éstos,con mentalidad algo totalitaria,hayan pretendido borrarlos.

                Muy pronto se autorizó la edición de libros,al principio religiosos,en los idiomas regionales,y se promovió el rescate del folklore y costumbres antiguas.Hubo permiso e incluso aliento para el estudio particular del catalán y el vascuence,para los premios literarios y otras actividades de promoción,a veces apoyadas económicamente desde organismos oficiales o desde Cajas de Ahorro,como sería el caso de las ikastolas (escuelas en vascuence) ya en los años 60.En 1952 se fundó en Salamanca la primera cátedra universitaria de vascuence.La inicial desconfianza y persecución hacia los idiomas y simbologías regionales dejó pronto paso a la simple postergación,con muchas excepciones.La propaganda nacionalista pinta de todo esto un cuadro exageradamente negro,y si admite otros tintes los atribuye al miedo del régimen por las presiones de unos y otros.Pero en verdad el franquismo no tuvo razones para temer excesivamente a sus contrarios.

                Por otra parte tanto la industria vasca como la catalana fueron muy estimuladas por el nuevo régimen,no por una preferencia especial,sino por constituir ambas regiones la principal base fabril del país,con una acumulación de experiencia y capacidad empresarial por encima de la media.Ello,y probablemente el muy proteccionista arancel Cambó,haría que hasta 1962,en que fue derogado,no cobrase ímpetu la expansión industrial en otras regiones.

                Si en el interior,durante los años 40,los nacionalismos catalán y vasco apenas daban señales de vida,en el exilio ocurría lo contrario;al menos con el PNV.Aguirre,tras una pequeña odisea esquivando a los nazis en Europa,adquirió en América,desde 1942,un protagonismo de primer orden,apoyado por los servicios secretos de EEUU,de los que pasó a estar prácticamente a sueldo.El jefe sabiniano aparecía por doquier como el representante de un pueblo vasco víctima de un genocidio emblematizado en el bombardeo de Guernica.La leyenda de Guernica se había extendido con tremenda fuerza emocional por América,convirtiéndose en un mito perdurable e indiscutido hasta hace pocos años:el ataque deliberado a los símbolos más sentidos de los vascos,realizado como ensayo de extermino en masa,con resultado de más de 1.600 muertos en una pequeña población sin interés militar.Junto a ese tema explotaba el de su solidaridad con la República democrática española,arrasada por el fascismo.

                En giras por Hispanoamérica el ex lehendakari se hizo la figura más destacada no ya del PNV,sino de todo el exilio español.Refleja su éxito esta descripción de su apoteósica acogida en Buenos Aires:Todo ello culminó con la sesión del Congreso en la que fue recibido el Lehendakari con todos los honores,hablando todas las opiniones y todos los partidos haciendo de él una apología magnífica.¡Al contestar fue tal la emoción que a todos infundió que los taquígrafos no pudieron copiar sus últimas palabras porque a ellos,como al resto de los oyentes,se les caían las lágrimas!.                En fin,algo magnífico y de imposible descripción.Ha sido el acontecimiento más prodigioso que pudierais y que pudiéramos pensar.Podemos,pues,decir gráficamente que se ha metido a todo el mundo en el bolsillo.

                El papel de Aguirre descolló más aún porque los exiliados republicanos,agriamente enfrentados entre sí,se neutralizaban en una guerra de rencillas.El sabiniano entendió que su secesionismo no hallaría eco fuera de España si no lo atenuaba externamente y lo vinculaba a la supuesta legitimidad republicana,y así,sorprendentemente,ejerció en todo el exilio español el papel de árbitro y apóstol de la unidad política y el olvido de los rencores mutuos.Él sabía que la vuelta a España nunca llegaría al margen de sus compañeros de armas de la guerra,a quienes su partido espiaba a favor del FBI.No obstante esa comprensión hacia los españoles disgustó a los puristas del partido.

       

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